
Dr. Edgar Martínez Herrera: una vida dedicada a salvar y recuperar vidas
Hay vocaciones que comienzan mucho antes de elegir una profesión. Para el Dr. Edgar Martínez Herrera, Médico Cirujano Traumatólogo y Ortopedista, ese momento ocurrió cuando tenía alrededor de diez años y observó en televisión la historia de una adolescente con una deformidad congénita de la columna que logró recuperar su vida después de una cirugía ortopédica. La intervención había sido realizada con una técnica desarrollada por un médico mexicano y dejó en él una idea que, décadas después, continúa definiendo su trayectoria: “Yo quiero poder hacer eso”.
Originario de Morelia, Edgar Martínez Herrera estudió en el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo y posteriormente ingresó a la Facultad de Medicina “Dr. Ignacio Chávez” de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde se graduó como Médico Cirujano. Desde prácticamente el inicio de su formación universitaria encontró en las emergencias un espacio que terminaría marcando su vida profesional.
Su incorporación como voluntario al Cuerpo de Socorristas de la Cruz Roja Mexicana, en Morelia, fue determinante. Durante 30 años permaneció vinculado a la institución y desempeñó distintas responsabilidades, entre ellas Monitor de Instrucción Militar, Jefe de Guardia y Coordinador Local de Socorros. Aquella experiencia le permitió conocer de cerca la atención del paciente traumatizado y desarrollar una particular afinidad por la medicina que ocurre en situaciones de emergencia.
Después del internado en el antiguo Hospital General “Dr. Miguel Silva” y de su servicio social en una unidad médica rural del IMSS en Huajúmbaro, presentó el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas e ingresó al entonces Hospital de Traumatología y Ortopedia “Magdalena de las Salinas”, hoy Unidad Médica de Alta Especialidad “Dr. Victorio de la Fuente Narváez”, en la Ciudad de México. Ahí realizó cuatro años de especialidad y posteriormente un Curso de Adiestramiento en Servicio en Cirugía de Cadera, Pelvis y Acetábulo.
Con más de 25 años de ejercicio profesional en los ámbitos institucional y privado, su práctica se ha orientado particularmente al trauma y la cirugía de pelvis, acetábulo y cadera, además del tratamiento de patologías traumáticas y degenerativas de pelvis, caderas y rodillas, así como diversas afecciones de la columna vertebral y las extremidades.
En el IMSS ha desempeñado responsabilidades como Jefe del Servicio de Traumatología y Ortopedia y Coordinador Médico, manteniendo además su actividad como especialista adscrito al Área de Urgencias. Paralelamente desarrolla práctica privada en Médica Arcos y realiza procedimientos quirúrgicos en instituciones hospitalarias como el Sanatorio La Luz y Victoria Medical Center.
Pero su trayectoria no termina en el quirófano. En 2020 se incorporó al Centro Regulador de Urgencias Médicas de Michoacán, donde continúa prestando servicio a bordo de una ambulancia de Urgencias Médicas Avanzadas. Para él, la medicina prehospitalaria representa una etapa crucial en la atención del paciente grave, porque las decisiones tomadas durante los primeros minutos pueden influir no sólo en la supervivencia, sino también en las posibilidades de recuperación y en la prevención de secuelas.
Su visión de la medicina parte de una premisa clara: no basta con salvar una vida; también es necesario procurar que la persona pueda recuperar su integridad, su capacidad funcional y regresar a su familia y a su trabajo. Por ello, considera fundamentales la atención oportuna, la preparación profesional, la empatía y el respeto hacia el paciente y sus allegados.
A lo largo de su carrera ha mantenido una actualización constante en medicina de emergencias y atención del paciente traumatizado, además de estudios de posgrado que incluyen un Diplomado en Urgencias Médico-Quirúrgicas por la UNAM y formación especializada en traumatología, terapia intensiva, emergencias y catástrofes.
Hoy, después de décadas de práctica, identifica un nuevo propósito: compartir el conocimiento y la experiencia acumulados con las nuevas generaciones de profesionales de la atención prehospitalaria. Su proyecto educativo busca contribuir a la formación de quienes atienden al paciente grave antes de su llegada al hospital, bajo una convicción que resume buena parte de su trayectoria: la experiencia adquiere verdadero valor cuando se comparte.
Su historia comenzó con la imagen de una persona que recuperaba su vida gracias a la medicina. Muchos años después, aquella aspiración infantil continúa presente en su práctica: utilizar el conocimiento, la experiencia y las herramientas de la medicina para ayudar a una persona a conservar y recuperar su vida.

Entrevista con el Dr. Edgar Martínez
“Detrás de cada lesión existe una persona, y esa persona es el verdadero centro de la medicina”
— Edgar, ¿recuerdas qué despertó originalmente tu vocación por la medicina?
Sí. Cuando tenía alrededor de diez años vi en televisión el caso de una adolescente con una deformidad congénita de la columna. Su condición era muy severa, pero fue corregida mediante una cirugía ortopédica. Recuerdo haber pensado: “Yo quiero poder hacer eso”. En ese momento no sabía todo lo que implicaba ser médico, pero aquella imagen se quedó conmigo.
— ¿Cómo fue descubrir durante la carrera que la atención de emergencias sería una parte tan importante de tu vida?
Desde que ingresé a la Facultad de Medicina me incorporé como voluntario a la Cruz Roja Mexicana. Ahí tuve contacto con pacientes traumatizados y con situaciones de emergencia. Descubrí que me gustaba ese tipo de medicina y que tenía facilidad para desenvolverme en esas circunstancias. La Cruz Roja terminó siendo una segunda escuela para mí.
— Permaneciste 30 años en la Cruz Roja. ¿Qué te dejó esa etapa?
Me dejó muchísimo. Aprendí de los pacientes, de mis compañeros, de los accidentes, de los aciertos y también de los errores. Aprendí que en una emergencia el conocimiento tiene que convertirse rápidamente en acción y que una decisión puede tener consecuencias enormes.
— ¿Qué significó para ti formarte en la Unidad Médica de Alta Especialidad “Dr. Victorio de la Fuente Narváez”?
Fue un privilegio. Fueron cuatro años muy intensos y exigentes, pero extraordinariamente formativos. Después tuve la oportunidad de continuar con un entrenamiento específico en cirugía de cadera, pelvis y acetábulo, que se convirtió en una de las principales líneas de mi práctica profesional.
— ¿Qué es lo que más te apasiona de la Traumatología y Ortopedia?
La posibilidad de intervenir en momentos críticos y después acompañar el proceso de recuperación. En determinados casos, primero tenemos que salvar la vida y después reconstruir al paciente: estabilizar sus fracturas, recuperar su función y ayudarlo a regresar a su vida.
— Has desarrollado buena parte de tu carrera en urgencias. ¿Qué significa para ti trabajar con pacientes graves?
Implica una gran responsabilidad. Cuando una persona llega después de un accidente o un evento traumático, necesita que tomemos decisiones oportunas y precisas. Es un momento crítico, pero también es una parte de la medicina que me resulta profundamente satisfactoria cuando podemos ayudar al paciente a salir adelante.
— En 2020 regresaste, de alguna manera, al ámbito prehospitalario a través del Centro Regulador de Urgencias Médicas. ¿Qué representa para ti estar nuevamente en una ambulancia?
Es reencontrarme con una parte de mí que nació muchos años atrás en la Cruz Roja. En una ambulancia no existe la distancia que puede proporcionar un hospital. Llegas directamente al lugar donde ocurrió el incidente y tienes que actuar con las condiciones que encuentras. Es una medicina que exige preparación, criterio y capacidad para tomar decisiones.
— ¿Por qué consideras tan importante fortalecer la medicina prehospitalaria?
Porque la atención del paciente grave comienza antes de llegar al hospital. Los primeros minutos pueden ser determinantes, no solamente para mantener con vida a una persona, sino para evitar secuelas que pudieron prevenirse mediante una atención temprana y adecuada.
— ¿Qué significa para ti una atención médica verdaderamente integral?
Significa entender que el objetivo no es únicamente que el paciente sobreviva. También queremos que recupere su integridad física, su capacidad funcional y que pueda regresar con su familia y a su trabajo. Debemos ver a la persona completa, no solamente la lesión.
— ¿Cómo ha cambiado tu manera de entender la medicina después de más de 25 años de ejercicio profesional?
La experiencia te enseña que nunca dejas de aprender. He aprendido de mis maestros, de mis compañeros, de las instituciones y, sobre todo, de mis pacientes. También he entendido que la medicina requiere actualización permanente y que debemos mantener la capacidad de cuestionarnos y seguir preparándonos.
— ¿Qué papel juegan la empatía y la relación con los pacientes?
Son fundamentales. El paciente y sus familiares están atravesando un momento de vulnerabilidad y necesitan no solamente capacidad médica, sino también respeto, empatía y comunicación. Para mí, esa relación forma parte de la satisfacción que encuentro en mi profesión.
— Ahora buscas transmitir tus conocimientos a nuevas generaciones. ¿Qué te motivó a emprender ese proyecto educativo?
Creo que la experiencia tiene valor cuando se comparte. Yo también soy producto de muchos maestros que tuvieron la generosidad de enseñarme. Después de tantos años siento la responsabilidad de compartir lo aprendido con quienes forman parte de los equipos de atención médica prehospitalaria.
— ¿Qué te gustaría dejar en quienes comienzan su camino en la medicina de emergencias?
Me gustaría que entendieran que el conocimiento debe ir acompañado de criterio, responsabilidad y humanidad. En una emergencia puede estar en nuestras manos la vida de un padre, una madre, un hijo o un amigo. Nunca debemos olvidar la dimensión humana de lo que hacemos.
— Después de tantos años, ¿qué significa para ti ser médico?
Significa mantener vigente aquella idea que tuve cuando era niño: quería poder ayudar a una persona a recuperar su vida. Hoy tengo más herramientas, más experiencia y también más responsabilidad, pero el propósito fundamental sigue siendo el mismo.
El conocimiento como una forma de servicio
La trayectoria del Dr. Edgar Martínez Herrera une tres dimensiones de una misma vocación: la atención del paciente traumatizado, la medicina de emergencias y la formación de quienes continuarán atendiendo a las personas en situaciones críticas. Después de décadas de experiencia, su siguiente reto no se encuentra únicamente en seguir ejerciendo la medicina, sino en convertir lo aprendido en conocimiento para las nuevas generaciones.
Su historia también habla de una convicción que ha permanecido intacta desde aquel recuerdo de infancia: ayudar a una persona a recuperar su vida. Hoy, esa vocación se expresa en el quirófano, en el hospital, en una ambulancia y en el propósito de formar a otros profesionales para responder con conocimiento, precisión y humanidad cuando cada minuto cuenta.





